Los buenos estimadores no saben más datos: saben unos pocos muy bien y comparan todo con ellos. Cómo construir tu propia colección.
Los ingenieros, los físicos y la gente que estima bien no se saben más cifras que los demás. Lo que tienen es un puñado de referencias muy firmes —sus anclas— y la costumbre de comparar todo con ellas. Cuando les preguntan algo que no saben, no buscan el número: buscan qué conocen que se le parezca y cuántas veces más grande o más pequeño es.
Las comparaciones son mucho más fáciles que las cifras sueltas. Nadie sabe de memoria cuánto pesa un sofá, pero cualquiera sabe si pesa más o menos que una persona, y cuántas personas harían falta para levantarlo. Si tienes una buena referencia, el problema pasa de «adivina un número» a «di cuántas veces», y en eso somos bastante buenos.
Mide tu palmo, tu paso y tu altura una vez en la vida, y ya los llevas siempre encima. Con el paso mides habitaciones y calles; con el palmo, muebles; con los brazos extendidos, que miden más o menos lo que mides de alto, cualquier cosa grande. Tu peso es una referencia para pesos: muchas cosas se estiman bien preguntándose «¿cuántas personas como yo?».
Para lo que se escapa de la escala humana conviene tener unos pocos números redondos: la población de tu país y la del mundo, lo que mide tu país de punta a punta, la distancia a la que está la Luna, la velocidad de la luz. No hace falta saberlos con precisión: basta con el primer dígito y el número de ceros. Cada uno te abre una familia entera de preguntas.
La forma más eficaz es la que usa este juego: cada vez que aciertes o falles por mucho, pregúntate qué ancla te habría servido. Si fallaste por diez una pregunta sobre animales, busca un animal cuyo peso sí sepas y apúntatelo. Con el tiempo, la colección crece, y cada vez más preguntas tienen algo conocido al lado. Las páginas de días anteriores tienen, para cada pregunta, una forma de razonarla que suele empezar por una de estas anclas.
No todo número que tienes en la cabeza es un ancla buena. El primero que te viene, el último que oíste o el que alguien dijo antes que tú te arrastran sin que te des cuenta, como contamos en por qué calculamos fatal los números grandes. Un ancla buena es una que has comprobado y que se parece de verdad a lo que preguntan. Las demás son ruido.
Cuatro preguntas cada día, un minuto. Nadie sabe el número; gana quien más se acerca.
Jugar el reto de hoy