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Cómo estimar cualquier número sin saberlo

El método de Fermi paso a paso: partir el problema, poner topes y multiplicar órdenes de magnitud.

Cuando te preguntan algo que no sabes, la tentación es soltar un número al azar. Hay una forma mucho mejor, y la usaban los físicos antes de que existieran los ordenadores: partir la pregunta en trozos que sí sabes razonar y multiplicarlos. Se llama estimación de Fermi, por Enrico Fermi, que tenía fama de calcular casi cualquier cosa en una servilleta.

El ejemplo clásico

Fermi preguntaba a sus alumnos cuántos afinadores de piano había en Chicago. Nadie lo sabe, pero se puede razonar:

Cada paso puede estar mal por el doble, pero los errores tienden a compensarse: unos te llevan hacia arriba y otros hacia abajo. El resultado suele quedar en el orden de magnitud correcto, que es lo que de verdad importa.

Los cuatro pasos

1. Parte la pregunta. «¿Cuántos semáforos hay en una ciudad?» no se sabe, pero «¿cuántos cruces con semáforo hay en tu barrio?» y «¿cuántos barrios como el tuyo tiene la ciudad?» sí se pueden imaginar. Cada trozo debe ser algo que hayas visto.

2. Ancla cada trozo en algo que conozcas. Tu calle, tu casa, tu día. No hace falta el dato exacto: hace falta un número que no te dé vergüenza.

3. Pon topes. Si un trozo no te sale, pregúntate qué es lo mínimo que te creerías y lo máximo. ¿Más de 10? Seguro. ¿Menos de 10.000? También. Entonces la mejor apuesta no es la mitad (5.000), sino el punto medio en veces: 10 por 10 es 100, por 10 es 1.000, por 10 es 10.000. El centro está en unos 300, que queda igual de lejos, en veces, de los dos extremos. Es la media geométrica, y es la forma correcta de partir la diferencia cuando no sabes ni la cifra de dígitos.

4. Comprueba de vuelta. Con el resultado delante, pregúntate si te cuadra con algo más. Si te sale que en tu ciudad hay más semáforos que coches, algo se ha torcido en un paso.

Por qué funciona tan bien

Cuando adivinas a ojo, un error se queda como está. Cuando multiplicas cinco trozos, cada uno con su error, unos van para arriba y otros para abajo, y lo normal es que se anulen en parte. Es la misma idea por la que la media de mucha gente acierta más que casi cualquiera por separado (lo contamos en la sabiduría de la multitud).

Y en Ojímetro

La puntuación de Ojímetro mide justo esto: no cuántas unidades te has desviado, sino cuántas veces. Pasarte por el doble cuesta lo mismo que quedarte en la mitad. Por eso el método de Fermi encaja tan bien: no busca el número exacto, busca no irse por diez. Si llegas al orden de magnitud correcto, ya tienes media partida ganada.

¿Lo pruebas?

Cuatro preguntas cada día, un minuto. Nadie sabe el número; gana quien más se acerca.

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