Por qué la media de muchas estimaciones acierta más que casi cualquier persona, y cuándo deja de funcionar.
En 1906, en una feria de ganado en Plymouth, en Inglaterra, se organizó un concurso: adivinar cuánto pesaría un buey una vez sacrificado y limpio. Participaron casi 800 personas, la mayoría sin ninguna experiencia con el ganado. El científico Francis Galton, que pensaba que la gente corriente estimaba fatal, recogió las papeletas para demostrarlo.
Le salió lo contrario. La mediana de todas las papeletas, el valor que quedaba justo en el centro, se quedó a menos de un 1 % del peso real. Más cerca que casi cualquier participante por separado, incluidos los carniceros y ganaderos. Galton lo publicó en la revista Nature en 1907 con el título Vox populi.
Cada persona se equivoca, pero cada una a su manera: unas por arriba, otras por abajo, por motivos distintos. Al juntar muchas estimaciones, esos errores se anulan entre sí y lo que queda es lo que todas tienen en común, que es la parte de verdad que cada una ha visto.
Se ha repetido muchas veces. Uno de los experimentos más conocidos lo hizo el profesor Jack Treynor con un tarro de gominolas en clase: la media de los alumnos acertó mejor que todos menos uno.
Hay un detalle importante. Cuando la gente estima cantidades muy grandes, unos pocos disparates (alguien que añade tres ceros de más) pueden hundir la media normal. La mediana, que es el valor del centro, no se deja arrastrar por esos extremos. Y cuando las respuestas van de 10 a 10 millones, lo más justo es buscar el centro en veces y no en unidades, como explicamos en por qué calculamos fatal los números grandes.
La magia exige una condición: que cada uno estime por su cuenta. En 2011, un equipo de la universidad ETH de Zúrich (Jan Lorenz y sus compañeros) repitió el experimento dejando que los participantes vieran lo que decían los demás. Las respuestas se fueron pareciendo entre sí, la gente se sentía más segura… y el grupo acertaba peor. Al copiarse, los errores dejan de anularse y se suman.
Por eso en Ojímetro no ves dónde ha caído la gente hasta que has bloqueado tu respuesta. Si la vieras antes, tu número se arrimaría al de los demás y la nube dejaría de valer.
Edward Vul y Harold Pashler descubrieron en 2008 algo curioso: si a una persona le haces la misma pregunta dos veces, separadas en el tiempo, la media de sus dos respuestas acierta más que cualquiera de las dos. Cada vez que estimas tiras de recuerdos y razonamientos algo distintos, y al juntarlos pasa lo mismo que con la multitud, a escala pequeña.
Un truco que sale de ahí: cuando tengas tu número, imagina que está mal y pregúntate por qué. Haz una segunda estimación pensando al revés y quédate con el punto medio, en veces, de las dos.
Cada reto es un pequeño experimento de Galton: miles de personas estimando lo mismo por su cuenta. En las páginas de días anteriores puedes ver cómo le fue a la gente en cada pregunta, sin ver las respuestas. Algunas las clava casi nadie; otras, la multitud entera se va por diez.
Cuatro preguntas cada día, un minuto. Nadie sabe el número; gana quien más se acerca.
Jugar el reto de hoy